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GOBIERNO DE IZQUIERDA PARA UNA COLOMBIA CONSERVADORA

Hace unos días se llevaron a cabo las elecciones por segunda vuelta en Colombia dando como ganador al candidato de izquierda Gustavo Petro quien acumuló un record histórico de más de 11 millones de votos.

Petro nació en Córdoba al norte de Colombia en 1960 y ganó la presidencia del país sudamericano, en su tercer intento. Él se define como partícipe de la izquierda “progresista”, y tiene el reto de hacer olvidar que fue parte integrante de uno de los grupos guerrilleros más violentos de Colombia, el M-19, causante de un hecho histórico tremendo para este país: la toma del palacio de justicia, que, si bien él no participó activamente de este hecho, sí era parte de este grupo guerrillero al que se le acusó de miles de muertes y secuestros en todo el país.

Colombia es considerado como un país conservador, por lo que este triunfo histórico genera una tremenda incertidumbre para gran parte de Colombia, un país que ahora se encuentra completamente dividido, entendiendo que la diferencia entre los dos candidatos fue pequeña.

Como es una costumbre del presidente de México hablar de varios temas en “las mañaneras”, sobre la elección en Colombia comentó que “el conservadurismo está muy molesto en Colombia… el clasismo, el racismo los obnubila… la clave es destinar la mayor parte del presupuesto para atender a la población… acá, en México, los conservadores no han podido enfrentarme, ni con la guerra sucia”.

Aunque muchos colombianos están preocupados por esta elección, es importante señalar que Gustavo Petro es un conocedor de los problemas de Colombia, un país que hoy se ha convertido en el más desigual de América Latina, y que arraiga profundas desigualdades que llevaron al hartazgo de la población que ve en el candidato electo presidente, una esperanza para la construcción de un país diferente, incluyente y con mayores oportunidades para todos.

Este descontento generalizado que ha sufrido gran parte de la población de América Latina surge de un olvido casi sistemático de los políticos y de cierta parte de la población (la más privilegiada) de los dolores y sufrimientos de una parte mayoritaria de la región; Argentina, Perú, Ecuador, Bolivia, Uruguay, México, Colombia, entre otros decidieron buscar otra alternativa a la de esos políticos tradicionales, a los que se han tildado como defensores de los intereses de unos pocos, sacrificando a las mayorías que sufren sin oportunidades.

Para los que nos dedicamos a la educación, los comentarios de Petro pudieran ser esperanzadores, como lo señalado en una entrevista para CNN, donde dijo: “No es posible una América Latina —llámela usted de izquierda o de derechas— que viva de sacar gas, petróleo o cobre. La única posibilidad de un desarrollo sostenible en América Latina es el conocimiento, es la producción”. 

Es claro que el presidente electo de Colombia ha entendido que el nuevo petróleo del siglo XXI es el conocimiento, por lo que el reto es enorme al querer pasar hacia la construcción de un país con una educación centrada en la innovación y en la generación de nuevo conocimiento, para ello deberá cambiar la estructura educativa de Colombia la cual es limitada y completamente desigual.

El otro gran reto para este país es lograr que esa “economía oscura” de Colombia, la del narcotráfico, no siga siendo el soporte para miles de familias que la ven como su única posibilidad (casi igual que en nuestro México), por lo que el presidente electo de Colombia en sus años de gobierno deberá apostar por cimentar las bases de la Colombia diferente que sueña. 

Al final, lo esperanzador de este cambio, es que Petro tenga claro que no es el populismo lo que desarrolla un país sino una economía de innovación. Ese pudiera ser el gran valor diferenciador para Colombia.

principal@globaluniversity.edu.mx

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