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LIGHTYEAR

Por Alejandro Román.

Para este hidrocálido nacido en 1987, un domingo cinéfilo puede ser la cereza del pastel semanal. Aunque comprar palomitas y alcanzar a estar a tiempo en la película, sea una misión casi imposible en la capital del cine.

El domingo marcaba el compromiso parroquial de las 6:00 de la tarde para cumplir con las labores de teología y posteriormente hacer lo propio con las del cinema. Había que conocer la historia de Lightyear desde la butaca.

Entiendo que mi Dios es paciente, El sabe que voy a fallar incluso antes que yo mismo, razón por la cual, opté por aceptar su voluntad y reagendar con El para la próxima semana en templo por definir. Se trataba de la historia del astronauta que reemplazó al vaquero favorito en la cama de Andy desde Toy Story 1, trama que intento conocer desde antes de mi primera comunión (en la iglesia).

Amantes de la disrupción, “Mi Dulcinea” y este “Quijote” realizamos la compra del boletaje, (mismo que sirvió para un carajo puesto que no había nadie vigilando el acceso a las salas) por la app oficial.  Eso de hacer fila en el cine, se nos ha dicho que es cosa del pasado por parte de los mismos dueños. Pero al parecer lo que ellos olvidan es que ese mismo proceso ayudaría bastante también en la zona de dulcería, donde las filas llegaron a ser mas largas que las uñas de Niurka Marcos (En su época sin Bobby Larios) y la idea de poder conseguir nuestra caja de palomitas se esfumó como el arranque de mi dieta. Dicen que robar y que “te cachen”, es una pena; Pena es lo que yo siento de como una marca que genera tanto capital, tiene tan descuidada esta zona de oportunidad, servicio al cliente y experiencia del usuario.

En fin, también dicen que “las penas con pan son menos” hablemos de la magia del cine, lo intangible, eso que no tiene precio.

La nostalgia y ese nudo en la garganta que conocí cuando Simba se quedó sin padre, quiso aparecer en mas de dos ocasiones en el transcurso de la proyección de este rodaje. Yo no soy especialista en cine, de técnica que hable Del Toro.

A veces olvidamos que el cine es un medio de comunicación, sentimientos transmitidos audiovisualmente de emisor a receptor que causan emociones diferentes en cada cerebro. Me encantó, amo que los dibujos animados nos den lecciones de vida real apoyándose con estos mensajes destinados para personas que con el paso de los días vamos dejando de ser niños.

Ni en el último cohete de Elon Musk pude ver tanto compañerismo, amor, resiliencia, carácter, coraje y la importancia del trabajo en equipo, por esto me cautivó y enamoró la película. Fue el bálsamo para lo sucitado en dulcería.

A veces las lecciones nos llegan desde las galaxias, para que basados en la humildad y empatía nos hagamos conscientes que, seamos astronautas, cocineros, taxistas y hasta toreros, podemos conseguir TODO, aunque tengamos que ir a por el “Al infinito y más allá”.

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