Llegamos como siempre al inicio de un nuevo año y nuestras esperanzas de un mejor periodo se reflejan en el positivismo de todos: brindis, propósitos, bendiciones, nos repartimos entre todos, esperando que las cosas salgan bien en el trabajo, salud, amor, familia y nuevos planes.
¿Pero, realmente será un buen año para México y para el mundo?
Hace unos días la EOM, el medio de análisis internacional en español más leído del mundo, presentó un reportaje sobre la riqueza en el mundo el cual fue elaborado por World Inequality Database, donde se señaló que América Latina se ha convertido en una de las regiones más desiguales del planeta, pues el 1% de la población más rica acumula el 45% de la riqueza. Según este análisis Chile es el país más desigual, pues el 49% de la riqueza está en manos del 1%. A Chile le sigue Brasil con el 48.7%, luego México con el 47.9%, y Perú con el 44.7%.
Regiones con menor desigualdad que América Latina son Estados Unidos con un 35%, 31% del este de Asia, y 25% de Europa. Según el informe, en lugares como Brasil o México, el 1% de la población más rica acapara prácticamente el 50% de la riqueza nacional, mientras que la mitad de la población más pobre ni siquiera llega al 1%.
Esta desigualdad tan marcada genera un tremendo problema para Latinoamérica, pues se vuelve en la “tormenta perfecta” para gobiernos populistas que prometen cambiar esta realidad quitando dinero a unos, supuestamente para entregarlos a los más pobres, una estrategia que no es tan simple como se plantea.
Las guerras son otro ingrediente de este año. Guerras a gran escala como las de Ucrania, Oriente Próximo o Sudán, han marcado una estabilidad que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial.
Según organizaciones internacionales, en los 12 meses del 2025, el 16% de la población mundial estuvo expuesta a algún tipo de conflicto armado.
Otro conflicto, el de la guerra de Estados Unidos contra las drogas, ha llevado a la región del Caribe a experimentar ataques contra lanchas rápidas e incluso instalaciones de supuesto almacenaje y producción de drogas en Venezuela; aunque hay amenazas también contra Colombia y México considerados, junto a Venezuela, los países de mayor producción y trasiego de drogas a Estados Unidos y al mundo entero.
El 2025 también cerró con una presión mayor de China sobre Taiwán, y en un contexto de Estados Unidos ejerciendo control en el Caribe, la opción de una intervención de China sobre Taiwán podría estar en el cálculo estratégico de Pekín.
Para México el 2026 será un año interesante, pues los retos de la presidenta no son menores. Por un lado, está la seguridad como objetivo principal debido a las presiones de Estados Unidos, además de los retos en salud (desabasto de medicamentos) y educación a los cuales se les hicieron varios recortes (salud mental, hospitales de especialidad y educación media y superior) pero donde las carencias son mayores, por lo que estos rubros presentan un gran reto para el país.
El otro reto para nuestro México es el económico, pues el 2026 nace con una tremenda incertidumbre de los inversionistas nacionales frente a las políticas del gobierno y a la concentración del poder de nuestras autoridades. Existe una gran cantidad de empresarios sacando su dinero a países que les generan mayor certidumbre, como son Estados Unidos, España y Portugal. Eso contrasta con la IED (Inversión Extranjera Directa) que, entre enero y septiembre del año anterior, cerró con una cifra histórica de 40,906 MDD un aumento del 14.5% con respecto al mismo periodo del 2024.
Desde mi punto de vista el 2026 será un buen año para México, pese a los retos enormes que tiene el país. Quizás el trabajo que más precisión requerirá será el del manejo que tenga la presidenta de México con su homólogo del vecino del norte con quien hasta ahora ha tenido una relación de diálogo y negocio, pero con firmeza.
Al final, este 2026 será de un año de retos para todos, pero seguramente será un buen año para que todos sumemos en la construcción del país que soñamos.
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